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Historias del Blog. Robert Mitchum, un hombre peculiar.

Publicado por en en Mundo Doblaje
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Buenas tardes, en un dia especialmente triste porque el terrorismo yihadista ha vuelto a golpear brutalmente y lo ha hecho en Barcelona. Es un dia duro para todos los españoles. Barcelona, esa ciudad soñada a la que tanto queremos. Esa ciudad tan bonita, tan cosmopolita, tan llena de vida, tan llena de historia, de tradición, de cultura y de tantas y tantas cosas hermosas que emocionan y enamoran a todos sus visitantes. La razón, la democracia y la libertad siempre prevalecerán porque el Bien siempre derrota al Mal. Queremos expresar nuestro cariño y solidaridad con las víctimas, los heridos y sus familias.

Teníamos preparada una nueva entrada dedicada al gran Robert Mitchum y queremos compartirla con todos vosotros.

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Los tres tipos más duros del mundo del cine, dijo Budd Boetticher, eran Jack Palance, Robert Ryan y Bob (Robert) Mitchum. Y Bob era el más duro de los tres.

Cínico, beligerante, impasible, de mirada narcotizante, aparentemente, fría, engañosamente simplista y, por encima de todo, individualista. Mitchum fue, posiblemente, el más inconformista y rebelde de entre los grandes de Hollywood.

Su imagen, acusadamente sensual y a la vez sensible y potencialmente tierna, hizo de él uno de los más sugestivos y duraderos “sex symbols” de Hollywood, pese a que ni su rostro ni su fisonomía parecían los más adecuados.

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El propio actor atribuía su rasgo físico más característico, esos ojos saltones cubiertos de gruesos párpados adormilados, tan sexys para tantas generaciones de espectadoras, a un insomnio crónico y a una lesión sufrida durante sus tiempos de boxeador, a la vez que explicaba sus famosos andares como un intento de disimular su estómago: una manera como otra cualquiera de racionalizar su secreto y de desmerecer y minimizar su legado con el mismo entusiasmo que siempre puso en tan dudoso empeño.

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Lo cierto es que Mitchum fue único y el último de una estirpe. Su presencia colosal y sus a menudo brillantes interpretaciones llegaban, casi siempre, sin hacer ruido.

En la pantalla tenía una presencia distinta, curiosa, nunca vista. Su físico corpulento y musculoso resultaba idóneo para los tipos de la calle, los vaqueros y los soldados. Pero su actitud (irónica y ambigua) y su estilo (indolente, de voz suave) carecían de la habitual vitalidad y agresividad de la arquetípica estrella masculina. Puede que su pose de duro de cara de palo fuera demasiado fría y pasota para la época, pero cuando tocaba ponerla, sabía adaptarla mejor que ningún otro actor de Hollywood.

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Su forma de actuar no perteneía a ninguna escuela ni a ninguna tradición actoral conocida.

Convertía su aparente inexpresividad en un convincente recurso dramático y moldeaba sus personajes a partir de un archivo mental fraguado en la observación y en la experiencia, abordando musicalmente el ritmo y la entonación y estableciendo una relación especial ente el intérprete y la cámara.

Mitchum siempre se movía con lánguida sensualidad gatuna y pronunciaba sus frases con voz grave y con ritmo aletargado en el que no había improvisación alguna.

La prensa le bautizó como “el chico malo de Hollywod”. Y los titulares sensacionalistas trazaron su peculiar estilo de vida: “Mitchum cae en desgracia por culpa de una actriz desnuda”; “Bob Mitchum comparece ante un tribunal por darse a la fuga tras una pelea”; “Tres chicas declaran a la Policía que Robert Mitchum las golpeó”; “Robert Mitchum el hombre que vino a cenar desnudo”……Pero el ex vagabundo, disoluto, libertino y escéptico, se burlaba de su propia sombra y caminó durante toda su vida erguido y a la intemperie, sin ocultar su afición compulsiva a beber whiskey y al humo de la marihuana. Nunca prescindía de ambas, pero eso no le quitaba energía a la hora de meterse en las camas de todas las mujeres que pasaban a su lado, salvo –como dijo admirado John Huston, que en estos asuntos era un carroñero- las de sus amigos, que el bueno de Bob consideraba intocables y no intentó seducirlas nunca, aunque según contaba el bueno de Huston, casi todas ellas tiraban de él.

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Ningún otro actor de Hollywood hubiera sobrevivido profesionalmente a una detención por posesión de marihuana. En su caso, esta condena de cárcel pasó a formar parte de la leyenda del astro, como si aquello se tratara de otro papel de duro honorable que se ve obligado a operar fuera de la Ley.

Quizá porque su personalidad cinematográfica era ya la de una tipo duro que había vivido una vida dura a ambos lados de la ley, su carrera no se resintió de este episodio. Y esa personalidad no era muy ajena al ser humano que se escondía detrás.

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Él se burlaba de ese personaje público frívolo, infernal, juerguista, delincuente, incluso cuendo suministraba nuevas historias de anarquía y suculentos episodios iconoclastas a todo periodista novato que le llamara para hacerle una entrevista.

Sus días de boxeador de los pesos pesados y portero de sala de fiestas antes de debutar en el cine están bien documentados, pero la que pocos saben es que Mitchum grabó un disco de calipsos con una voz de lo más insinuante, que era aficionado a escribir poesía y cuentos, y que compuso un oratorio para refugiados judíos que se interpretó en el Hollywood Bowl en 1939, bajo la dirección de Orson Welles, nada menos.

Él también era el actor que contradecía su fama de juerguista impenitente con una ejemplar puntualidad en los rodajes y una no menos sorprendente memorización de todos sus diálogos. Un hombre de muchas caras, poca gente supo cómo encajaban todas esas piezas, ni siquiera quienes mejor le conocieron.

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Siempre afirmó que ser actor de cine era un trabajo como cualquier otro, sólo que con algo más de maquillaje, y que lo único que le diferenciaba de otros astros del cine, era que “él había pasado más tiempo en la cárcel”. Rodar películas era una alternativa económica, no se sentía orgulloso de ello. No olviden nunca, comentaría con su peculiar y autodenigratorio sentido del humor, que una de las mayores estrellas de Hollywood fue Rin Tin Tin, y era una perra con cuatro patas. Él seleccionaba sus trabajos en función de los días libres. Hizo un total de ciento veinte películas, cuarenta de ellas enfundado en la misma gabardina. Pero había visto bien pocas. No le pagaban por verlas. Y, además, “encontrar aparcamiento siempre era un coñazo”.

Su cinismo era auténtico, también su actitud despreciativa hacia la impostura y la doble moral. Disfrutaba de todos los vicios, transgredía lo establecido, pero nunca olvidó que la profesionalidad es algo tan necesario como inviolable.

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Frases suyas para la historia son: “Tengo dos formas de actuar; Con y sin caballo”. “No es posible trabajar mejor. Sólo es posible trabajar más”.

Mitchum consideraba que su éxito se basaba en “estar en el lugar adecuado en el momento adecuado……..Cada dos o tres años me alejo durante un tiempo. De esa manera soy constantemente la chica nueva del burdel”.

Robert Mitchum; Un actor, un hombre cuya vida fue tal vez, una vida genuinamente norteamericana.

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Cuando son las 9 de la noche del Jueves 17 de Agosto de 2017 terminamos nuestra nueva entrada del blog de mundo doblaje dedicada a un hombre peculiar que se convirtió en uno de los mayores iconos de la historia del cine. Robert Mitchum.

Os esperamos aquí en el club del doblaje en www.mundodoblaje.com.

 

 

 

Por: Jose Manuel Alvarez.

 

 

 

Bibliografía: El grupo salvaje de Hollywood (Dioses y monstruos) Parte 1 por Juan Tejero.

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